El Manuscrito Voynich

Publicado en RT, este interesante artículo hace mención al libro hallado por el anticuario Wilfrid Voynich en 1912, el cual permanece indescifrable hasta la fecha. Aparentemente, y según los últimos hallazgos, el libro es un compendio de astronomía, biología, metafísica y rituales de fertilidad. Su creación ha sido atribuida a diversos autores, entre los que destacan el filósofo Roger Bacon, el mismísimo Leonardo Da Vinci, e incluso los extraterrestres. Su origen, datado por Carbono 14, se remonta al siglo XV

En 2010 la NASA ofreció una recompensa a quiénes pudiesen aportar pistas sobre el código para descifrarlo, como recoge este artículo del periódico El Universal, de México: http://archivo.eluniversal.com.mx/articulos/58633.html

También, en este otro artículo del diario español ABC del 21 de febrero de 2104, se hacían eco de la decodificación, por parte de un profesor británico, de 10 palabras de estrellas y plantas: http://www.abc.es/ciencia/20140221/abci-descifran-diez-palabras-misterioso-201402211135.html

¿Qué esconde misterioso e indescifrable manuscrito del siglo XV?

No solo el manuscrito, sino también la personalidad de sus propietarios aún sigue siendo parte del misterio.

El manuscrito de Voynich es una obra medieval escrita en el siglo XV por autores desconocidos. Los investigadores tratan de resolver su enigma desde hace cientos de años, dado que el lenguaje del manuscrito es desconocido hasta la fecha. Algunos incluso sugieren que fue creado por extraterrestres. Recientemente, la editorial española Siloé decidió editar réplicas exactas del libro para ayudar a los científicos y aficionados que no pueden obtener acceso al original.

Para entender mejor por qué el ejemplar es considerado una de las mayores incógnitas de la humanidad, el portal Lenta.ru ha detallado la historia del manuscrito y los intentos de descifrarlo.

En 1912 el anticuario Wilfrid Voynich descubrió en el antiguo castillo europeo de Villa Mondragone un extraño manuscrito, cuyo texto fue escrito en un idioma extraño, de escritura desconocida, adornado con numerosas ilustraciones, imágenes de plantas, personas, fenómenos naturales y los movimientos de los cuerpos celestes.

Hoy en día la mayoría de investigadores cree que el manuscrito fue el trabajo de entre dos y ocho personas, escrito durante varios años, pero Voynich llegó a una conclusión diferente. Él encontró en el libro una carta del científico checo Johannes Marcus Marci, base sobre la cual llegó a la conclusión de que era la obra del famoso filósofo y científico Roger Bacon, que vivió en el siglo XIII. Sin embargo, el anticuario se equivocó con la fecha. De acuerdo con una datación por radiocarbono realizada posteriormente, el manuscrito fue creado en el período entre los años 1404 y 1438, lo que significa que Bacon no pudo tener ninguna relación con la obra.

¿De quién era el libro?

No solo el manuscrito, sino también la personalidad de sus propietarios aún sigue siendo parte del misterio. Hace unos 10 años el investigador René Sandberg encontró una carta en los archivos que data del siglo XVII, que envió al alquimista de Praga (actual República Checa), Georgius Barschius (o Baresch). Resultó que él llevaba más de 20 años tratando de descifrar el lenguaje de la obra, aunque sin éxito.

Desesperado, Barschius envió un par de páginas del manuscrito al erudito jesuita Atanasio Kircher, que vivía en Roma. El libro antiguo interesó a Kircher, quien trató de persuadir al alquimista para que le enviara todo el trabajo, pero él se negó.

Después de la muerte de Barschius, el manuscrito terminó en manos de su amigo, el mismo Marci, cuya carta encontró Voynich. Marci era un renombrado erudito de su tiempo y sirvió como médico en la corte del emperador romano. En la carta el erudito le dice a su amigo sobre su obsesión por descifrar el manuscrito, al que dedicó toda su vida.

El hecho de si Barschius logró algo de éxito en este campo se desconoce, pero después de su muerte el libro permaneció en las bóvedas de los jesuitas durante tres siglos. En tiempos de persecución de la Orden por la Iglesia el manuscrito pasó a la biblioteca personal de su líder, Peter Bex, ya que de lo contrario hubiera sido confiscado. En los siglos XIX y XX Villa Mondragone fue la sede de la Compañía de Jesús, por lo que no es de extrañar que Voynich encontrara el manuscrito allí.

Cifrado de la nada

Al principio Voynich estaba convencido de que el manuscrito fue escrito por Roger Bacon, y lo entregó a un criptógrafo, el profesor de filosofía en la Universidad de Pensilvania, William Newbold. Su destino fue similar a la suerte de Barschius: dedicó los últimos años de su vida a la búsqueda. El método de Newbold fue estudiar el texto bajo una lupa y luego intentar de reproducirlo en un papel, buscando anagramas ocultos. Por supuesto, el método no funcionó.

La teoría de Newbold fue completamente derribada por William Friedman, el primer criptógrafo de Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, él y su esposa Elizabeth Friedman reunieron un equipo de expertos y dedicaron una enorme cantidad de tiempo al intento de descifrar el manuscrito de Voynich. Como resultado, concluyeron que el libro no contiene anagramas, y su lenguaje es artificial, es decir, fue inventado específicamente para el manuscrito.

Mientras tanto, existen también muchas teorías en cuanto al idioma del manuscrito. Joseph Martin Feely argumentó que el texto está escrito en latín y fue cifrado con una simple permutación de las letras. El investigador John Stojko, por su parte, escribió que el manuscrito fue escrito en ucraniano, desprovisto de las vocales, y el doctor Leo Levitov creía que fue una de las lenguas criollas. Sin embargo, ninguno de los expertos estuvo lo suficientemente cerca a la comprensión del texto manuscrito.

Mensaje misterioso

En 2013, el físico Marcelo Montemurro de la Universidad de Manchester publicó un documento que apoya la teoría de que el texto del manuscrito de Voynich no es un conjunto de caracteres inútiles, sino un tipo de mensaje oculto en un lenguaje olvidado. Para ello utilizó una de las técnicas diseñadas para estudiar la codificación de la información en el proceso de trabajo de neuronas: este método permite identificar los datos importantes en la señal, aunque no se sabía cómo interpretarlos.

En una entrevista con Lenta.ru Montemurro dijo que cuanto más estudiaba las características estadísticas del texto, más niveles de la estructura de la lengua desconocida encontraba. El investigador también rechazó la hipótesis de que la información que contiene el manuscrito es codificada, dado que los sistemas de cifrado fuertes tienen una característica importante: destruyen las características estadísticas de la lengua, para eliminar la posibilidad de conocer el contenido.

A Montemurro le llamó la atención el hecho de que el manuscrito de Voynich está sujeto a la ley de Zipf, que describe las estadísticas de la frecuencia de las palabras en las lenguas naturales. Además, el investigador señaló que el análisis del texto había revelado otro patrón: la repetición de ciertas palabras específicas coinciden con secciones del libro. Es decir, si las ilustraciones ubicadas en páginas específicas muestran una planta, entonces están acompañadas con un vocabulario asociado.

Intelectuales de una cultura perdida

Stephen Bax, profesor de Lingüística Aplicada en la Universidad de Bedford (Reino Unido), presentó en el 2014 su fuerte evidencia de que el manuscrito de Voynich no puede ser falso y que el texto de esta obra coincide con las ilustraciones. Por ejemplo, la sección botánica habla de las plantas pintadas, así como, quizás, explica sus propiedades medicinales.

Sobre la base de las ilustraciones el investigador fue capaz de identificar algunas de las palabras, sacando la secuencia de letras repetidas muchas veces. Así, Bax encontró palabras como Taurus, enebro, cilantro, eléboro, aciano y Nigella sativa.

Además, el profesor ha presentado una interesante teoría acerca del origen del misterioso lenguaje. Bax cree que fue hablado por una pequeña comunidad que no había desarrollado su propia letra. No obstante, un grupo de intelectuales pertenecientes a esta civilización, había creado un alfabeto que consiste en elementos de la escritura europea, de Oriente Medio y caucásica para preservar el conocimiento de su pueblo acerca de la naturaleza para las generaciones futuras.

El científico indica que el siglo XV fue una época de dificultades, y, muy posiblemente, la cultura que usó este lenguaje desapareció casi al mismo tiempo, cuando estas personas trataban de desarrollar su escritura.

Datos masivos

En 2014, el profesor brasileño de la Universidad de Sao Paulo, Diego Amancio, tras utilizar ‘Big Data’ o datos masivos (un conjunto de tecnologías y enfoques para el análisis automatizado de cantidades extremadamente grandes de datos) también recibió la confirmación de que el manuscrito de Voynich no es una falsificación. Los investigadores científicos han demostrado que la estructura de la lengua desconocida coincide con estructuras modernas.

Amancio no trató de traducir el texto, él solo unió las palabras en grupos y analizó las relaciones entre ellos, haciendo un modelo de una red integrada. Como resultado, se encontró que el 90% de la estructura del texto de las repeticiones de manuscritos se encuentran en la Biblia y otros libros bien conocidos.

En cuanto al contenido del manuscrito, aquí Amancio está de acuerdo con otros especialistas. Según él, el documento es una enciclopedia de prácticas medievales, que incluyen las prescripciones médicas, información astrológica y metafísica, así como ritos de fertilidad.

Fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/217874-esconder-misterioso-indescifrable-manuscrito

 

Numerología – Proporción Áurea – Sólidos Platónicos

Retomamos el anterior post donde hablábamos de los armónicos, para adentrarnos en los números y la relación de ambos con el modelo de la creación universal, fuente de la filosofía pitagórica.

Sin duda, entre los lectores habrá quiénes conozcan todo lo relacionado con los pitagóricos y su legado, pero consideramos que estas breves nociones son necesarias para poder entender la Convergencia Armónica, objeto también de estudio de la filosofía, la espiritualidad y la física cuántica actual; lo que nos conduce a la Metafísica: rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad.

“Las matemáticas sólo son una forma de expresar las leyes que gobiernan los fenómenos”

Albert Einstein

Numerología

Por definición, es el “conjunto de creencias o tradiciones que establece una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas o espirituales“.

“Los números son la sustancia básica del cosmos. Las notas de la escala musical, los colores del arco iris, el movimiento de las estrellas, el crecimiento de las plantas, del cuerpo y la mente humanos…, la naturaleza entera podría ser descrita mediante la interacción de un número con otro”.

Gloria Garrido Ramos – Numerología, Edic. 2007

Para Pitágoras (s. VI a. C.) los números no sólo eran una creencia, sino que adquirían una importancia vital, pues a través de ellos es posible expresar la armonía que rige la concepción el universo y los ciclos o ritmos cósmicos. Armonía = Cosmos = Orden; Desorden=Caos.

Pitágoras asumía que toda expresión de vida y de la realidad podía interpretarse a partir de los números, los cuales adoptaban un aspecto místico y divino. Usando los dígitos del 1 al 9, a los que pueden reducirse todos los demás, podían expresar tanto el macrocosmos, como el microcosmos; es decir, interpretar el universo, así como la actividad humana a través de los números, en los cuales subyace la base del conocimiento de nuestra existencia.

Los orígenes de la numerología se remontan a tiempos inmemoriales, en época de los sumerios, babilonios, hebreos, caldeos, egipcios, brahmanes y chinos, los cuales usaban los números debido a su cualidad vibratoria tanto para la adivinación como para la protección divina.

Misticismo

La numerología adquiere especial relevancia en lo referente a las ciencias sagradas, conocidas también como ciencias esotéricas -cábala, alquimia, magia, astrología, etc.-, al ser los números el medio por el cual se transmitía el conocimiento oculto de la creación.

Las palabras, las letras, los nombres, incluso situaciones, pueden expresarse a través de los números. Asignando a las letras del alfabeto un valor numérico a través de una sencilla tabla es posible reducir a un sólo dígito los nombres y apellidos de las personas, al igual que la fecha de nacimiento. De este modo es posible, de un modo predictivo, determinar la personalidad del individuo así como los acontecimientos que puedan tener lugar en su vida.

Esto es debido a que cada número está asociado a una vibración determinada, la cual influye en el individuo tanto en el momento actual como en el de su nacimiento, además de su nombre y apellidos.

Tetraktys

El tetractys era una figura que los pitagóricos tenían por sagrada. A través de ella se podía representar que el 10 era la suma de los cuatro primeros números: 1+2+3+4 = 10. Número perfecto, clave de su doctrina, y símbolo de la creación universal.
Para los pitagóricos, la primera fila o el uno, representa la causa primera, lo Divino, origen de todas las cosas. La segunda fila representa la dualidad; la tercera, la tríada, los tres niveles del mudo: celeste, terrenal e infernal; y la cuarta, los cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire, que representan la creación.
Proporción Áurea

“Veo un orden en el universo, y las matemáticas son el modo de hacerlo visible”
May Sarton (1912 – 1995)

Al margen de los números naturales y enteros, existen otros dos números irracionales y relacionados con la geometría euclidiana que desde la antigüedad han fascinado a los matemáticos; Olga Garrido se refiere a ellos en su libro Numerología como <<los ladrillos cósmicos>>, pilares fundamentales de la Geometría Sagrada y, por lo tanto, de la creación.
El más conocido de ellos es Pi (π), cuyo valor equivale a 3,14159…, y supone la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Pi es utilizado en geometría pero también en el cálculo de probabilidades.
El otro número es Phi (Φ), que aún siendo menos conocido es mucho más fascinante que el anterior. Su valor es un número infinito e irrepetible que equivale a 1,6180339887…, y en el siglo XIX fue bautizado con el nombre de “Número Áureo”, “Proporción Áurea”, “Sección Áurea”, etc. Un libro publicado en Italia en el siglo XVI la denominó como “Proporción Divina”.
Aunque se le atribuye a Euclides (ca. 325 a. C. – ca. 265 a. C.) <<padre de la geometría>> el estudio formal del número áureo, éste ya existía en épocas anteriores a la vida del matemático griego, pudiéndose remontar a los antiguos babilónicos y sumerios. De igual modo sucede con el número Pi.
Euclides definía la proporción áurea de este modo:

“Se dice que un segmento está dividido en media y extrema razón cuando el segmento total es a la parte mayor como la parte mayor es a la menor”

Los pitagóricos mantuvieron en secreto los números irracionales por el hecho de que éstos no podían expresarse como una unidad, sino como relación o proporción entre los segmentos de una recta, lo que los hacía inconmensurables.

He aquí donde radica la atracción que sintieron los matemáticos de todos los tiempos como los griegos Pitágoras o Euclides, o posteriormente el matemático italiano Leonardo de Pisa (1170 – 1250), más conocido como <<Fibonacci>>, o el alemán Johannes Keppler, amén de los matemáticos actuales. Pero su atraccivo era tal que no se limitó a los matemáticos,  sino que acabó fascinando a biólogos, pintores, escultores, arquitectos, filósofos y psicólogos de todos los tiempos.

Curiosamente, los pitagóricos utilizaban el pentáculo o estrella pitagórica, como símbolo místico y un modo de reconocerse unos a otros. Sus lados y ángulos son iguales, los cuales tienen como medida la Proporción Áurea.

Pero, ¿por qué tanto revuelo por un simple número, se preguntarán?

Por asombroso que nos parezca, la Proporción Áurea tiene relación en temas tan dispares como el cuadro de Leonardo Da Vinci “La Última Cena”, la distribución de los pétalos de una flor y sus hojas, las conchas de un molusco, la arquitectura del Partenón, el ADN, las Pirámides de Egipto o la distribución y forma de los planetas y de las galaxias, <<que es a donde queremos llegar, y por ello era imprescindible hablar del Número Dorado y entender, como así lo hicieron los Pitagóricos, su relación con el todo>>.

Dicho de otro modo, la presencia de la Proporción Áurea denota belleza y armonía, por lo que algo que es armónico, es bello por naturaleza.

“Cuando trabajo con un problema, jamás pienso en la belleza. Sólo pienso cómo resolverlo. Pero cuando he terminado, si la solución no es bella, sé que está mal”.

Richard Buckminster Fuller (1895-1983)

No obstante, hubo que esperar hasta 1202, año en que Leonardo de Pisa (c. 1170 – 1250), más conocido como Fibonacci, publicase su conocido Liber abaci (Libro del ábaco), para que el mundo supiese de la importancia de la Proporción Áurea por su contribución a su expansión. Fibonacci, tenía unos profundos conocimientos de las matemáticas indoarábicas, de la cual aprendió el uso del ábaco, y de la geometría euclidiana, lo que le sirvió para el desarrollo de su conocida secuencia de Fibonacci: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233,… Es famoso el problema que planteó para la cría de conejos la cual daba como resultado la conocida secuencia, presente además en una gran cantidad de fenómenos sin relación entre sí.

Veamos el siguiente video de la Proporción Áurea, creado por Cristóbal Vila, a quién honramos desde aquí por este magnífico trabajo, donde se muestra gráficamente el concepto del Número Dorado y será mucho más fácil comprenderlo.

En este otro video vemos cómo Leonardo Da Vinci interpretó, en su famoso dibujo de “El Hombre de Vitruvio”, las medidas del cuerpo humano en proporción áurea encontradas por un arquitecto llamado Vitruvio.

Los Sólidos Platónicos

Los sólidos platónicos o sólidos regulares, como también se les conoce, son poliedros convexos de caras y ángulos iguales, y cuyos vértices unen el mismo número de caras. Aunque el primer conocimiento que se tiene de ellos procede de un yacimiento neolítico en Escocia alrededor del año 2000 a. C., es muy probable que su procedencia se remonte a la época de los babilonios y sumerios, pues Pitágoras vivió unos 22 años aprox. en Egipto, donde probablemente aprendió matemáticas de los sacerdotes egipcios, además de filosofía y religión. Tras la invasión de Egipto por el ejército persa, es probable que Pitágoras fuese llevado a Babilonia, donde entró en contacto con matemáticos de la antigua Mesopotamia. De hecho, unas tablillas encontradas en 1936 en Susa (Irán) demuestran que los Babilonios ya conocían la fórmula del área del pentágono.

Así pues, una vez más fueron los griegos, y concretamente lo pitagóricos, los que estudiaron estos cinco sólidos a nivel matemático a los que inicialmente llamaron sólidos pitagóricos, a la vez que los asociaron místicamente con los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. El quinto elemento, el dodecaedro, fue asociado con el cosmos.

El profesor Carlos Quesada, de la UAM (Universidad Autónoma de Madrid) se refiere a ellos en su publicación del 20/12/2006:

“Se cree que fue Empédocles (480 – 430 a.C.) quien por primera vez asoció el cubo, el tetraedro, el icosaedro y el octaedro a la tierra, el fuego, el agua y el aire respectivamente. Platón (447 – 347 a.C.) relacionó posteriormente el dodecaedro con la sustancia de la que estaban compuestas las estrellas, ya que por aquellos tiempos se pensaba que ésta habría de ser diferente a cualquiera de las de la Tierra. En su diálogo Timeo, Platón pone en boca de Timeo de Locri estas palabras: “El fuego está formado por tetraedros; el aire, de octaedros; el agua, de icosaedros; la tierra de cubos; y como aún es posible una quinta forma, Dios ha utilizado ésta, el dodecaedro pentagonal, para que sirva de límite al mundo”.

Fue a partir de ese momento en que los sólidos pitagóricos se denominaron sólidos platónicos. Más tarde, hacia el año 300 a C. será Euclides quien recoja este conocimiento en su libro Elementos.

La aportación de Pitágoras y sus discípulos es por tanto fundamental para entender el estudio de la geometría, y no olvidemos que fue él quien desarrolló el famoso teorema de Pitágoras: c² = a² + b², aplicable a todos los triángulos de ángulo recto.

En el siguiente documental, presentado por Carl Sagan, se nos explica la importancia de los sólidos platónicos para los pitagóricos y  el hallazgo del número irracional.

La importancia de los sólidos platónicos y su relación con la cosmogonía pitagórica era evidente, pues como dijimos anteriormente, los números eran la esencia de todas las cosas y a través de ellos se podía representar la creación. Tal es así, que el astrónomo alemán Johannes Kepler quiso demostrar que las distancias de los planetas al Sol podían obtenerse utilizando un modelo a gran escala compuesto por esferas en el interior de poliedros perfectos, como ya citamos anteriormente en “El patrón sagrado”.

En cualquier caso, hemos llegado al punto que queríamos con esta introducción a la geometría, pues es el pilar fundamental de la Geometría Sagrada, materia de estudio de nuestro próximo artículo.

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